Puedo sentir como el cinturón lame mi espalda, me besa la piel, me araña…
Y tú te mueves al compás de mis gemidos, navegando en mis entrañas.
Grito. Es placer. Deseo más. Y tú no te detienes.
Tumbada sobre tu cama, puedo sentir a veces tu aliento en mi espalda…
Cada vez más dentro, mis dedos recorriendo ya el dibujo de la colcha, retorciendo mis manos la tela, mientras tu te vas hundiendo en mí.
Mis labios sellan con jadeos mi deseo.
Puedo sentir el cinturón lamiendo mi espalda, azotes, caricias. Cada vez más fuerte.
Ya nada más importa.
No puedo pensar, tan sólo sentir como me posees.
Tú me vas retrasando ese momento, juegas con mi ansia y te adueñas de mi placer.
Tus palabras teñidas de dureza ahora me excitan…
Cada vez más fuerte. Cada vez más dentro.
Y ya sólo deseo amarte, entregarme, beber de la desesperación por ser tuya y nadar entre las aguas de mi dulce abandono…
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5 comentarios:
Cuando un cinturón lame la espalda voluntariamente por ambas partes, se establece un diálogo entre el cuero y la piel que sólo puede llevar al cielo-infierno.
Elisabeta, me he enamorado de este escrito, desde el potente principio hasta el final. Se me ha enjuagado los ojos de la emoción de leer algo tan espectacular y bello, tan elegante y excitante. Este escrito es tanto tanto.
Envidio este escrito. TE feliicto. Tienes mucho talento. Encantado de volver a leerte.
P.D. Publiqué el segundo encuentro con la Mujer de Boca Grande.
Intensamente seductor...hermoso.
Me encanta como escribes, como trasmites ese sentir tuyo y totalmente deacuerdo contigo en como cada vez deseamos más abandonarnos en las manos de quien nos guia.
Besos
Y dejarse llevar... subir y bajar, ser todo sintiendose apenas nada, la ingravidez, la paz, el sosiego. la raza, la fuerza... deseando q todo acabe,pero q nunca termine.. para asi, volver a empezar...
Me estremeces..
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